Friday, December 08, 2006

Misia Mariamaletasmachucaterrones


Hace algunos años conocí a una anciana que por toda enfermedad cargaba su vejez de la que decia que iba a morir en el recodo enmontado de un camino, por que ellos habían sido su albergue en su vida de trovador, y, el mundo y los hombres, su más cara ilusión. En este mundo, de su ser tomolo todo, y su única extrañeza, a pesar de su ignorancia de las letras era la necedad de sus semejantes. Parlanchina, vivaracha, deseo siempre el silencio de los caminos por entre la flora y bajo el sol que ilumina la historia, que la vida dentro de una comunidad que no entendia. En sus largas jornadas, sola, su meditación no iba más allá de éste mundo porque desechaba a Dios de quien hablaba tan bien...
Los dias de mercado, Mariamaletasmachucaterrones, amanecía en cualquier poblado, con sus trebejos al hombro, una mano arrugada mendigando, con sus ojos centelleantes censurando e inquiriendo y, por vuelta de lo recibido a flor de labios marchitos, una máxima lozana que robustecia el espíritu.
Su nombre, más que el producto de machacar terrones con su bordón hasta verterlos polvo, era el producto de su posición frente al mundo que tanto amo y al que quiso redimir con su voz de litigante, de regateo frente a sus interlocutores, de quienes muchas veces, entre los más cuerdos, arranco unas lagrimas a los diques del ungís, y, de otros, los menos, una carcajada de estupidez y una mirada sin pensamiento, que es en el fondo, la perplejidad que causa el reconocimiento de lo que no queremos admitir...
Siempre que la escuche tuve la impresion de que aquel cuerpo magro, raquítico, se hallaba liberado de todo menos del mundo al que se entrego virtuosamente, convencida de que era lo único digno de amar, hundida hasta la saciedad y con la seguridad en la grandeza del Hombre, con la siempre joven esperanza en la vida, donde Dios no tiene cabida en los intereses del Hombre.
Se sentaba en los estrados de la plaza, quizás por que allí en medio del bullicio del mercado reverberaba la vida a los gritos de la oferta y la demanda y porque el ríctus de las gentes que allí se agolpaban hacianle esbozar sus máximas rebosantes de sabiduria y realidad, y además, porque era el centro de su auditorio. ¡Que le importaba que el párroco maldijera su nombre y amenazara con excomunion a quien la escuchara si su credo era el mundo que existe!
Siempre hubo dialogo al rededor de su figura; las preguntas y las respuestas se sucedían atropelladamente, todos querían saber de primera mano la última máxima. Algun dia, entrada ya la tarde, escuche éste dialogo:
-¿Hola, Mariamaletas, como esta?
-Con los pies sobre el mundo y mi espíritu y mi bordón sobre el terrón.
-¡Que te entienda el diablo, Mariamaletas!
-No vivas de lo pasado, de tus perennes recuerdos, de tus mejores días, de aquel otro lamentable, con ello, sepultaras tu presente y el de la humanidad entera; así no vives, más aún , no dejas vivir.
-No digas esas cosas...¿ Como se vive sin experiencias, sin Dios, sin fé?
-No. Eso no es toda la existencia, ella es más que ese pesimismo fatuo engendrado por el devenir
ancestral, por la creación de sus Dioses, por los oráculos y sus creyentes y, en fin, por los perjuicios del ser humano que no es capaz de realizar el momento presente sin pensar, más allá de lo correcto, en el que viene y en el que paso para su dolor o para su gloria. No. Eso no es la existencia. La existencia es el cotejar el pasado sin caer en el remordimiento de la acción fallida, ni en el temor al futuro, aplicandonos, con dedicación, al momento real y objetivo que vivimos y al que viene si alcanzamos... La vida hay que vivirla del todo, plenamente, los Dioses no cuentan... ¡Solo el hombre y su acción!
Todos quedaban ante sus argumentos desconcertados, con la mirada perdida en el infinito y con un rostro de perplejidad que asustaba. ¿ Acaso no seria excomulgado quien escuchara la vieja hereje? ¿ O era que la realidad de sus palabras asustaba mas que aturdía? No sabria decirlo con certeza, pero su influencia pesaba sobre los espiritus muy a pesar de la religiosidad de las gentes para las que siempre tenia palabras oportunas.
Llegada la tarde, en la soledad de la plaza, quedaba la vieja queriendo retener a un transeunte. En el poblado le horrorizaba la soledad. No queria quedarse sola, le consternaba el insomnio con la iglesia de elevadas torres y campanas lúgubres ante sus ojos. Tenia miedo. Toda ella se apoyaba en el hombre al que queria redimir. Se aferraba a ese ser por quien demostraba tanto interes. No queria abandonarlo a sus pasiones animales que una religion perdonaba con negligencia o indulgencia. Queria hacer de ese hombre, que tanto habia amado en la soledad de los caminos o en el bullicio de los poblados, un hombre nuevo. Siempre anhelo un auditorio de mentes jovenes y lo hallo. Los jovenes - decia- no saben que la experiencia es una batalla en la que hay que perderlo todo para aprender un poco. Los jovenes tienen que soportar la vida y despreciar cualquier clase de suicidio. Deben vivir y llegar a viejos, locos o sabios o ebrios, el como no importa, su fin en últimas, será un fín digno y admirable, morira bellamente si muere viviendo... Para los hombres esto no sera un consuelo sino un apremio. Los hombres edifican para la vejez, de la que soy una representante, pero yo no me he equivocado, yo no le di ocio, ese ocio que le dan muchos para descansar, pero que, hundido el espiritu en la edad, comprenden que ese anhelo, en tantos años engendrado, es falso, y, con tristeza, comprenden que necesitan de la juventud de otros hombres para apoyarse y que, todo lo viejo es caduco solo en la medida en que no quieren reconocer y vivir de lo nuevo para sustentarse...
En aquella soleada tarde, bajo la ceiba de la plaza, sintiendo que su vida se apagaba, agrupo la vieja, difícilmente, a los jóvenes que allí jugaban y reprimiendo una lagrima para que no fueran a dudar de su entereza de carácter, tomó la mano de alguno para darse aliento, y, en los estertores de la muerte, con voz firme, pronuncio su postrer aforismo: ¡ Gritad, jóvenes, que si os dan la vida, que si os dejan obtener vivencias, les devolvereis, a cambio, una cultura...!

0 Comments:

Post a Comment

<< Home